Las Moiras son el equivalente griego de las Parcas romanas (Nona, Décima y Morta), eran tres: Cloto, Láquesis y Atropos. Personifican el Destino que rige con igual inflexibilidad tanto la existencia de los hombres como la de los dioses.
·Cloto, la Hilandera, es la más joven. Tiene en su mano una rueca en la que lleva prendidos hilos de todos los colores y de todas las calidades: de seda y oro para los hombres cuya existencia ha de ser feliz; de lana y cáñamo para todos aquellos que están destinados a ser pobres y desgraciados.
·Láquesis, la que mide el Destino, da vueltas al huso en el que se van enrollando los hilos que le presenta su hermana, dirigiendo el curso de la vida.
·Atropos, la Ineludible, es la de mayor edad; aparece con la mirada atenta y melancólica, inspeccionando el trabajo de sus hermanas y, valiéndose de unas largas tijeras, corta de improviso y cuando le place el hilo fatal, poniendo fin a la existencia sin respetar la edad, la riqueza, el poder, ni ninguna otra prerrogativa.
No obstante, se tiene constancia de que en alguna ocasión su juicio pudo ser burlado mediante alguna estratagema. Tal es el caso del dios Apolo que, tras haber emborrachado a las tres hermanas, pudo conseguir que éstas accedieran a indultar al joven Admeto (a quien Apolo escogió servir durante el año en el que fue condenado a vivir entre los mortales como castigo por matar a los Cíclopes) a cambio de que alguien muriese en su lugar. Admeto creyó que uno de sus ancianos padres aceptaría esa suerte con gusto en lugar de su hijo, pero cuando éstos se negaron fue Alcestis, su esposa, la que se sacrificó por amor hacia él (aunque luego fue rescatada por Heracles, que luchó contra Thanatos, dios de la muerte, para liberarla). Este mito se describe en la obra Alcestis, de Eurípides.
De este modo, las Moiras se erigieron en deidades terribles, temidas y respetadas, puesto que su dictamen acompaña a todos los seres desde el mismo momento de su nacimiento.
Una recreación de la historia de estas tres hermanas mitológicas, hijas de Zeus y Temis, la diosa de la justicia, que ahora viven en un PH en Buenos Aires.
Sobre la Obra Alcestis: es una de las más tempranas obras supervivientes del dramaturgo griego Eurípides
Apolo, tras matar a los Cíclopes (gigantes de un solo ojo que forjaban los famosos rayos de Zeus con los que venció a Los Titanes), había quedado exiliado del Olimpo durante nueve años, que pasó al servicio del rey de Tesalia, Admeto, un hombre conocido por su hospitalidad y que trató muy bien a Apolo. En agradecimiento, Apolo consiguió para Admeto que las Moiras le concediesen vivir más allá de la fecha de su muerte.
El dios Apolo, tras la osadía de enfrentarse a Zeus, fue castigado a trabajar como boyero del rey Admeto de Feras. Entre ambos existe una vieja amistad, forjada en el viaje de los Argonautas, que se refuerza hasta el punto de que en la boda de Admeto con Alcestis, el dios consigue de los Hados que el rey pueda esquivar el día de su muerte.
Tras ser condenado a servir un año a un mortal como castigo por matar a los Cíclopes, Apolo escogió la casa de Admeto y se convirtió en su pastor. Apolo quedó tan impresionado por el trato que le dispensó Admeto que lo ayudó a lograr la mano de la princesa Alcestis, la hija de Pelias, rey de Yolco. Alcestis tenía tantos pretendientes que Pelias, para librarse de los numerosos pretendientes, declaró que le daría su hija a él sólo si iba a su corte en un carro tirado por leones y jabalíes. Admeto logró hacer esto con la ayuda de Apolo, logrando así casarse con Alcestis. Pero la mayor ayuda que Apolo prestó a Admeto fue convencer a las Moiras de que aplazasen la muerte de Admeto de su día predestinado. Apolo emborrachó a las Moiras, y éstas accedieron a indultar a Admeto
APOLO: “Yo, que soy santo, con un santo hombre topé,el hijo de Feres, a quien he salvado de morirengañando a las Moiras”
“Al fin me encuentro
con mi destino sudamericano.
A esta ruinosa tarde me llevaba
el laberinto múltiple de pasos
que mis días tejieron desde un día
de la niñez.” POEMA CONJETURAL – Jorge Luis Borges – 1943Descubrir el hilo, adivinar la mano detrás de la mano, aceptar el sino trágico o resistir